miércoles, 2 de octubre de 2013

Psicólogo: parte 0

Tengo mil razones por las que creo que debo ir a un psicólogo, tengo mil y una por las que no quiero hacerlo.

Debo ir porque lo necesito, porque he llegado al punto donde siento que mi confianza en la raza humana está por el piso y quiero recuperarla, quiero ir porque capaz voy y me digan que sufro de un cierto problema que explica por qué soy como soy. Debo ir porque ya aparecieron las consecuencias de tragarse todo, de pasarla mal y no decirle a nadie, nunca me ha gustado molestar a los demás con mis problemas pero me encanta que me comenten los suyos, escucharlos, sentir que confían en mi, opinar al respecto y aprender de ellos, si lo veo así estoy siendo egoísta con ellos al no darles la oportunidad de escuchar misen problemas, debo ir porque seguramente no es normal que cambie de tema tan rápido.

No debería seguir analizando yo misma lo que soy, me parece que los espectadores siempre son mejores críticos de lo que sucede que aquellos que lo viven por eso de que no están bajo la influencia de ningún sentimiento del momento, por esa razón seguro un psicólogo podrá opinar mejor sobre mis actitudes, al fin y al cabo ese es su trabajo y yo no estoy ni cerca de estar estudiando psicología.

El detalle está en que no es fácil, admiro a la gente que un día me dice que fue al psicólogo y le contó toda su vida y sus problemas, los admiro porque no me creo capaz de tal cosa, me da miedo llegar y sentarme en un consultorio a simplemente decir todo lo que me pasa, estoy segura de que en la primera cita voy a quedarme como 15 minutos en silencio antes de poder decir algo, no soy buena hablando en público, por eso mi blog es anónimo y no tiene mi nombre estampado en todas partes, al menos así es por ahora. No me gusta por lo mismo de que me guardo todo, tengo años almacenando demasiadas cosas y me aterra el hecho de que alguien haga que libere todo eso, me aterra el pensar que salga todo de golpe y que reviva cosas que decidí que no iba a olvidar pero que tampoco las iba a sentir, que no permitiría que doliera eso.

Puedo continuar toda la tarde haciendo una lista de razones para ir y razones para no ir si no fuera por como soy, si no fuera impulsiva y estuviese a punto de llamar y pedir la cita podría pensar todo mejor. Pero la decisión está tomada, ya sólo queda ver si tenían razón esos miedos por los que no quería ir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario